Me cuesta creer que sea un caramelo que se pueda saborear con alegría y a su vez me pregunto cómo es posible que existan tantos jóvenes a los que un caramelo con gusto similar al hinojo y forma canical les produzca felicidad pese a saber que al ingerirlo pueden correr riesgo de asfixia. ¿Acaso fingen? Probablemente, existe cierto misticismo en la elección de estos amargos caramelos y a su vez me atrevo a sugerir que en cierto sector de la sociedad el caramelo vintage en cuestión es sinónimo de snobismo o más bien un sabor que supone distinción y experiencia. En lo personal me gustaría que me gusten pero no, muchas personas que respeto los adulan pero yo soy más de masticar sabores suaves y frutales. Creo que de ser la única golosina en una isla desierta probablemente preferiría comer una bola de arena en lugar de este caramelo.
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♥ Nota: La imagen es de Flor Huerga, obvio, mi ilustradora favorita